jueves, noviembre 23, 2006


Hemos pasado una noche larga. Pablo tomando cerveza, demandando mi presencia para hablar de lo que siempre hablamos. Yo, en la azotea, charlo por telefono, veo la ciudad con la certeza de que una parte de mi vida se despide de mí. Bajo dos horas después, con frío. Pablo frente a la computadora busca otra canción y me recrimina. Hablo de nuevo por telefono mientras se acuesta a dormir. La conversación termina. Estoy llorando. Agradezco que Pablo esté dormido para que no me vea llorar. Subo a la azotea y me siento a ver cómo aterrizan los aviones. Hace mucho frío y no tengo nada, no tendré en mucho tiempo. Mi vida es un catálogo de cosas que he perdido. Me tallo las manos. El frío no va a cesar.

domingo, octubre 15, 2006

Los que ya no


Cae la tarde de un domingo que en otras situaciones podría ser deprimente. Hablo a lo idiota porque sé que nadie me lee, acaso Pablo. Está bien así: hablarle a una pantalla como terapia. Hace unos meses leí una novela premonitoria, Los amigos que perdí de Jaime Bayly. Es patético recordarlo. Casi con todo mundo me quejo de ese asunto. Una sabia niña me dijo noches atrás que hoy el tiempo me pasaba las cuentas que le debo. Yo siempre afirmé no tener amigos y gozaba presumiéndolo. Ahora padezco haberlos perdido. Obvio, no los perdí, se extraviaron solos los imbéciles. Como digo, cae la tarde y no me va mal. Hago nuevos amigos. Leo terremotos, escribo escalofríos. ¡Salud por los que se fueron, por los que ya no vendrán!

sábado, octubre 14, 2006

Seis buenos muchachos


Del archivo de la tía Yeya una foto ahora irrepetible (como casi todo).

miércoles, octubre 04, 2006

El alcohol circula

Dos imágenes más de una reunión desaforada


sábado, septiembre 30, 2006

Adiós Tercer Mundo


Otra vez tarde. Llegué tarde al aeropuerto. Justo cuando Martín acababa de irse. Todos lloraban. Era como si me hubiera perdido la gran escena trágica. Sólo una ausencia. Afortunadamente, una corazonada hizo volver al viajante. Se asomó a la puerta de donde había desaparecido. Nos saludó como el Papa a sus fieles. Me vio. Misión cumplida. Ahora sí desapareció sin regreso. Las lágrimas corrían sin ahorro. Me dio risa. "El que debía llorar era yo que llegué tarde", les dije. Me vieron con cara compasiva. Volvimos medio apesadumbrados a casa. A media noche, un mensaje en mi teléfono: "¿No te sientes un poco huérfano?"

domingo, septiembre 24, 2006

Buenas noches, México; buenos días, París



Una nueva fiesta. Martín que no termina de despedirse. Demasiada melancolía. En fin, como todas las despedidas.

jueves, septiembre 21, 2006

La Gran Comilona















Grandes personalidades se dieron cita en la fiesta de despedida del gran vate de México. He aquí­ sólo un ejemplo. Rox, Anita y Miyerba, escanciando bebidas en sus apetentes bocas.